PODCAST HOME STAGING

68.El piso valiente

68.El piso valiente

Presentación:

Como quien no quiere la cosa… crecemos, maduramos, evolucionamos, sufrimos cambios en nuestras vidas…

Y mientras tanto, al final del día, llegamos a nuestro hogar, aquel que se debe ir transformando y adaptando a cada una de nuestras etapas, para que nos haga de refugio, en todo momento.

Pero a veces, las situaciones nos sobrepasan, el corre corre, la falta de tiempo, de ideas, de visión global o de detalle. Y nuestra vivienda se va alejando, poco a poco, de nuestras necesidades, de nuestras inquietudes, de nosotros mismos.

Introducción:

En el podcast de Home Staging – marketing inmobiliario, se analizan todos aquellos ingredientes que bien combinados, contribuyen en la venta o alquiler de un hogar, de una forma más eficaz

Hoy te quiero hablar de un nuevo caso de éxito.

Me gusta atribuirles adjetivos de personalidad a las viviendas porque son pocas las que no tienen un carácter propio y algo que las defina, antes y después de una intervención de Home Staging.

Las personas que han vivido en sus interiores dejan una clara historia en ellas, una o muchas.

Cualquier objeto que quede, cualquier roce en una pared, una línea marcada en una puerta, unas lámparas elegidas en un determinado momento, un color en unas paredes, cada uno de esos detalles son el inicio o el fin de pequeñas historias.

Es decir, un hogar se convierte en una caja de secretos, en un sitio que si pudiera hablar nos podría deleitar con esas bonitas vivencias ahí pasadas.

La casa de la que quiero hablarte hoy empezó siendo la casa de la abuela y acabó convirtiéndose en un piso valiente.

La vivienda de la abuela, se le llama a aquella en la que han ido pasando los años y no se le ha hecho ninguna remodelación.

Donde los restos de muebles que puedan quedar hacen honor a su tiempo y encajan perfectamente en el momento en el que se encuentra su obra.

En muchos casos son casas heredadas, donde los padres ya ancianos pasaron sus ratos más felices.

También se da cuando una pareja ya algo mayor, prefiere vivir su última juventud en el lugar donde siempre quisieron, cerca del mar, o en la casa de pueblo donde antes solo veraneaban.

O tal vez más cerca de los hijos para poderles echar una mano, ahora que son abuelos.

Esos hogares tuvieron una estupenda función, pero llega un momento en el que esa etapa se cierra.

Y merecen tanto los propietarios como la vivienda una segunda oportunidad, una segunda forma de hacer.

La inmobiliaria contacta conmigo para que vaya a conocer ese nuevo piso.

Adoro el lugar de donde soy, por lo que decir tiene, que cuando el Home Staging es aquí mismo, me siento como en casa, a pesar de que no sea la mía.

Entro en aquella vivienda por primera vez cunado localizo el portal.

Conozco bien la zona.

Está ubicada a escasos minutos del centro andando, pero lo suficientemente alejada para que coger el coche e ir al pueblo o ciudad más cercanas, sea una tarea fácil.

Me gusta el vecindario del barrio y el del edificio se siente amable, te saludan, te sujetan la puerta, esos pequeños fragmentos en los que se respira bienestar, en lo que presientes que quien venga a vivir aquí va a sentirse bien desde el primer día.

 

Igual la comunidad no tiene un grupo de Watts app, en el que uno pide una pizca de sal o en que alguien solicita que le recojan un paquete de Amazon cuando no están.

Pero si seguro se hace como se ha hecho toda la vida porque se nota que ahí también se ayudan.

Entro en la vivienda, las paredes son blancas.

La carpintería en puertas es oscura, le da una cierta elegancia.

La de aluminio está toda renovada, ahí si que se hicieron obras.

Pero alrededor de todas las ventanas existe un marco de madera que oscurece toda la pared.

El sol quiere entrar, pero algo la detiene, es esa madera oscura que ahora ya no quiere seguir ahí.

El suelo es de terrazo, por suerte bastante claro.

Es firmeza y robustez, pero la búsqueda de luz es primordial.

Y la cocina y el baño son los que más historias pueden contar, son de origen y recuerdan a la serie de cuéntame.

Donde todo permanece tal cual.

Un espejo de grandes dimensiones y algo rococó preside la pared del baño.

Y los azulejos de la cocina son los protagonistas en este cuarto.

El salón es amplio y tiene salida a un gran balcón.

Y tres de las cuatro habitaciones se componen de buenas medidas.

En una de ellas aún permanece un mueble de pared a pared.

También en otra habitación, la que formaría parte de un despacho o de un adolescente, el corcho es el principal elemento, donde no se aprecia ni un milímetro de estocado.

Prácticamente todos los demás espacios están vacíos.

Un aparador antiguo preside la entrada, como mueble de recibir.

En cuanto a la luz artificial: una lámpara de pie de bronce con pantalla en beige dirige una de las salas.

Y va a juego con los apliques del pasillo y del comedor.

Empezamos la intervención.

Se retira el corcho, se pintan los marcos de madera de las ventanas en blanco.

En el baño extraemos el espejo y el mueble sobredimensionados.

Se pintan azulejos tanto de cocina como de lavabo.

Los muebles de la cocina también se activan con un color ceniza, los tiradores con espray en negro vuelven a brillar.

Y el contraste del gris con el del tirador encaja muy bien.

El piso es valiente, así que nos animamos con la mesa y las sillas de la cocina, tienen las medidas perfectas y el color ahora si que lo trae a la actualidad.

Nos vamos acordando de las series de televisión de los 80 y como nos gustaría volver a ver muchas de ellas.

Y por eso creemos que con esta vivienda va a pasar igual.

Va a poderse disfrutar de nuevo, porque es un piso que se ha lanzado a ser renovado, a verse como ahora merece.

No será casualidad cuando poco después nos encontramos un cromo detrás de uno de los muebles:

Un cromo de Kirk Cameron, de la mítica serie “Los problemas crecen”.

Aún hace la vivienda más entrañable.

Se añade la iluminación que todo lugar merece.

Donde se potencian los espacios y se enfatizan las dimensiones.

Las estancias se empiezan a ver distintas, aun estando vacías.

Ahí me cabe un sofá de tres plazas.

Una mesa de sobre blanco y patas de madera natural.

Elijo unas láminas de estilo Paula Bonet y los colores teja y tierra hacen el resto.

Vestimos con cortinas.

Los tejidos en camas arropan las habitaciones.

Las plantas dan el verde que tanto reclamamos todos los Home Stager en nuestros proyectos.

Y las velas en determinados rincones, acogen como hogar.

Las alfombras cubren esos terrazos claros que ahora se sienten algo más abrigados.

Y en los últimos detalles, el dueño entra a cambiar algo que el apreciaba necesario, un tope de una puerta del que yo aun no me había percatado.

Entonces quedo a la espera de su reacción.

En todos los proyectos donde he tenido la posibilidad de conocer al propietario, siempre quedo a expensas de saber que piensa.

La necesidad de que sepa que sigo respetando aquel lugar, por mucho que haya querido actualizarlo, late en cada proyecto, conozca o no al dueño.

Y cuando veo su aceptación me quedo conforme.

Pero más conforme aún cuando al quinto día de haber entregado las fotos del reportaje que ha hecho mi compañero, se nos llama para comunicarnos que ya está reservado.

Fue un piso valiente que se dejó hacer todo lo que merecía y necesitaba.

Para que pudiera volver a nacer de otra forma, en aquella en la que nuevas historias se iban a formar con una nueva familia.

De hecho, el propietario preocupándose por un tope demuestra que quiere entregar bien la que fue su casa.

Deja que tu piso evolucione, deja que se haga mayor, que madure como merece para que alguien lo vuelva apreciar como hiciste su en día.

Dale valentía a tu venta.

Y como quien no quiere la cosa, hasta aquí el programa de hoy . Así que nos seguimos encontrando cada viernes, si vosotros lo deseáis, en este nuestro lugar.

Y si queréis aclarar cualquier duda o conocer mis servicios, podéis hacerlo en comoquiennoquierelacasa.com/contactar

Para gente sensible con los detalles y previsión de bienestar. 

*Música de dig.ccmixter.org

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